Deformaciones Políticas Populares I
Septiembre 8th, 2010 | Deformaciones Políticas Populares, Partidos Políticos | Sin Comentarios »
A modo de introducción
No creo que exista un peruano que no haya criticado a los partidos políticos y a quienes forman parte de ellos, es materia obligada de las cotidianas tertulias de café, las mismas que de ordinario van acompañadas con unas cucharadas de morbo y un entremés de masoquismo. La política nos interesa aunque gran parte de los políticos nos produzcan rechazo, pero eso fue siempre así y no creo que cambie.
Pero no quiero referirme únicamente a los políticos corifeos sino más bien a toda esa colectividad reunida alrededor de un partido, aquellos que vemos repletar locales partidarios en tiempos de campaña, aquellos que marchan incansablemente por calles que no pisarán hasta la próxima elección, aquellos que corean lemas y se enfrentan a sus adversarios en una plaza.
He tenido la suerte, o desdicha, de conocer a muchas personas que forman parte de diversas colectividades políticas y he observado que más allá de las diferencias ideológicas o programáticas, les une muchas conductas en común las cuales conforman un estereotipo plagado de deformaciones digno de un tratado de patología política, algunas de las cuales trataré de describir.
El cortesanismo[1]
Una acepción del término cortesano es aquella persona que sirve obsequiosamente a un superior[2], característica que vemos cotidianamente respecto de quienes rodean o merodean a alguna figura política, actividad que viene acompañada de algunos otros factores comunes que llevan a crear un perfil casi ideal del cortesano político.
El perfil de un conspicuo cortesano político incluirá necesariamente tres aspectos i) estar lo más cerca posible del líder para servirle, adularle y traerle comentarios para indisponer a unas personas con otras; ii) alejar del líder a cualquier otra persona en especial si se trata de otro cortesano que pudiera hacer mejor el punto anterior; y iii) ser un mediocre.
El verdadero cortesano es aquel que lucha por estar en el círculo más cercano al líder, cualquiera fuera el título que ostente o se irrogue; estando a su lado logrará servirle con reverencia y acatamiento aprovechando las mejores oportunidades para hacer o decir inmoderadamente aquello que piensa que puede agradar al dirigente y de paso obtener alguna prebenda de éste. Para algún cortesano de poca monta ser aquél que cuida la puerta de ingreso del despacho de un connotado político y atender el más mínimo de sus antojos es el epítome de sus deseos.
Pero para el cortesano su misión no acaba estando cerca del líder sino alejando al resto, ello con el propósito de operar sin competencia o formar parte de un círculo reducido que permita repartir, entre sus pocos miembros, las dádivas que otorgue el líder cuando éste ejerza el poder y a las que se sienten merecedores. Cuando el líder, eventualmente autoridad elegida, convoque a alguien no conocido en el círculo cortesano para trabajar en su gestión, no faltará un cortesano que diga del advenedizo algo como El no es del partido, el no es del distrito, o quizá, el no estuvo en la campaña, ello con el único propósito de no arriesgar su lugar en la logia cortesana.
Respecto de la inmanente mediocridad del cortesano esto resulta evidente puesto que una persona con suficientes méritos no requiere de tales prácticas para conseguir sus objetivos. El mediocre sabe, así no lo reconozca, que no cuenta con la capacidad para ser un buen dirigente partidario o para ser designado en un cargo público y, que de conseguirlo, seguirá necesitando de sus influencias para mantenerse en el cargo. La meritocracia es la doctrina menos practicada en nuestros partidos políticos.
Christian del Águila Horna
[1] Palabra acuñada para identificar a la actividad del cortesano. No se usa cortesanía porque su significado en el RAE está limitado a la atención, agrado, urbanidad y comedimiento.
[2] RAE. Uso sustantivo